"Yo no sé hablar como todos, mis palabras suenan extrañas y vienen de lejos,

de donde no es, de los encuentros con nadie.

¿Qué artículos de consumo fabricar con mi melancolía a perpetuidad?"

Alejandra Pizarnik


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domingo, 8 de noviembre de 2009

B Movie

Lo nuestro era un amor de culto, no apto para todo público, una relación de película porque lo tuyo era el cine. Soñabas con tener el Garbo de Greta y la Gracia de Kelly. Y no es que fueras exactamente una femme fatale, ni yo Marlon Brando. Pero no había nada que reprochar, los productores de esta historia no tenían para más. Algún guionista decadente te dictaba sus ideas. Tú hacías las veces de directora mientras me acompañabas en el plató, y yo me defendía como podía, sin extra alguno que me respaldara en las maromas que el libretista loco en tu cabeza me obligaba hacer.

Odiabas las comedias románticas, por eso cuando llegué a tocar a tu puerta, con la conocida excusa de la taza de azúcar, gritaste: ¡Corten! Y la escena se repitió.

Allí estaba yo, saliendo por la ventana de mi apartamento a siete pisos del mundo. El trato era que yo debía entrar por la ventana de tu habitación y pedirte que me ocultaras de unos agentes del F.B.I. que querían investigarme por presuntos nexos con extraterrestres o Al Qaeda. Sin poleas ni arnés alcancé tu ventana…

¡Corten!

…La ventana estaba atascada, yo a siete pisos de mi integridad y tú en mi apartamento animándome a que hiciera el recorrido de vuelta, con un té de manzanilla en las manos.

Por lo menos nos entendíamos en la cama, o eso creo. Siempre lo dudé por tu notable habilidad en las artes escénicas. A veces te inventabas algún pretexto para llegar tarde a casa e intentar conseguir un traje como el de Liza Minelli cantando Mein Herr, o el de la Hayworth en Gilda. Y mientras te quitabas el guante soñando ser Rita, yo le echaba la culpa a la Madre Naturaleza por el terremoto de San Francisco, por Rita Hayworth y por tu striptease. ‘Put the blame on Mame, boys, put the blame on Mame'; cantabas.

No logré entender que tenías en la cabeza. Siempre te veía por ahí, tranquila y de repente se te antojaba algo. Así fue como llenamos un cuarto de canarios para que tú pudieras sentir el horror de Tippi Hedren. Fue una lástima que terminaran revolando por toda la casa mientras cerrábamos las ventanas.

-Algo de espontaneidad no vendría mal- te propuse y…

¡Acción!

El florero estrellado contra el muro, un sofá volcado en la sala, a la vez que tú recitabas las líneas premeditadas: que lo tuyo era el cine, que te dejara vivir en tu película, que qué sucedía con todo el mundo que querían convertirte en lo que tanto odiabas. Yo, en un intento de salvar mi pellejo de tu histeria, salí corriendo del apartamento rumbo incierto. Grave error, el melodrama apenas comenzaba: mi ropa lloviendo desde el balcón, los cigarros esparcidos al viento, tus frases aventadas por la calle y los vecinos señalando al pobre desgraciado que yo representaba.

-¡Mujer, la tele no!- te grité- entiende que lo nuestro no es más que una B-Movie, una pareja de bajo presupuesto.

Y así es como salgo de tu película, con sangre de la de verdad porque no había para más. Tú sin tele, yo sin ti.

Te ves bien en pantalla grande dando vuelcos por los balcones, escapando de los policías que ahora van a tu encuentro. El enfoque a tus pantorrillas para desorientar al cerdo portero es casi tan impresionante como el brazo descubierto de la Haythworth. Corre mujer, corre. Haz autostop por las carreteras. Yo entretanto iré por algún refresco. Cuando vengas trae una antena nueva para la tele y popcorn que ya no tengo. En los créditos nos vemos.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Cabaret

“Comienza por admitir que de la cuna
a la tumba no hay un largo camino,
la vida, amigo mío, la vida es un cabaret,
¡y yo amo el cabaret!”
Cabaret (1971)



La escena es la siguiente:

Mi madre sentada en el sofá de la sala de mi casa, toma una cajetilla de cigarrillos que pertenece a mi tio Luis, la abre, apresa un purillo en sus deditos regordetes, hace una manera cómo las de Catherine Zeta-Jones en Chicago, un movimiento complejo, algo así como: El cuello se estira, quedan los labios encaramados en un mentón que da sensación de seguridad, el cigarrillo entre los dedos índice y corazón es movido por una oscilación de la muñeca, similar al de las geishas con sus abanicos o las venias de los actores de teatro pero al revés, pues no es de humilde agradecimiento sino de insolente irreverencia…

¡Corten, corten! Para no complicar más las cosas voy al centro del asunto:

Mi madre sentada con el cigarrillo –aún sin encender, jamás se encenderá-, con aire de Femme Fatale dice:

-Ah, esa es mi gran frustración, no aprendí nunca a fumar. Yo, con veinte añitos menos, no me volvería a casar. Me pintaría las uñas rojo sangre toro, que combinen con los labios. Unos tacones bien altos, un vestido negro. Así toda desparpajada, toda… Cabaretera.

Y pronuncia la última palabra como si supiera a arrabal, a tango, and all that jazz!:

-Cabaretera- remojar los labios, cruzar las piernas. Combinación de Scarlett Johansson y Sharon Stone.

El Cabaret… Cabaré, dice la R.A.E., es un lugar de esparcimiento donde se bebe y se baila y en el que se ofrecen espectáculos de variedades, habitualmente de noche.

Ahora entiendo, difiere del Burdel con el que tantas veces se le ha confundido.

Entonces, lo que mi madre quería era ser mujer de taberna, cigarrillos, lápiz labial. De esas a las que las señoras camanduleras no les pierden el rastro, más por envidia que por cualquier hostigamiento a la moral o a la entre pierna de sus maridos.

La imagino como Liza Minnelli cantando ‘You have to understand the way I am, Mein Herr. A tiger is a tiger, not a lamb. Mein Herr. You'll never turn the vinegar to jam, Mein Herr’.

Ah, ‘qué cosas hermano, que tiene la vida’ dice un tango, ‘qué cosas tener que llorar’ responde otro. Qué cosas. Pero con los años no queda tiempo para lamentarse. Cabaretera es un sueño, la vida es otra cosa. La Vida, ¿Qué cosa más extraña, qué carajos es La Vida?

Me basta la definición de la Minnelli cuando interpreta a Sally Bowles en Cabaret (1972): “La vida es un Cabaret, viejo amigo”.

Cabaret, ¡ah!, seguro Emily Dickinson diría que es una de esas palabras a las que hay que quitárseles el sombrero. Cabaret: una silla iluminada con un reflector en mitad de un escenario, corsés negros, encajes, piernas largas y delgadas, humo, cigarrillo, alcohol, pastillas antidepresivas…; no encuentro otro cliché para añadir.

Meine Damen und Herren. Mesdames et Messieurs, Ladies and Gentlemen, Damas y Caballeros, con ustedes la internacional, la sensacional: Sally Bowles.

Y en mitad del escenario, Liza Minelli, los ojos más tristes que puedan existir en el mundo, ¡no exagero!, interpretando a Sally Bowles y bajo la dirección de Bob Fosse, guionista original del musical Chicago, adaptado al cine en 2002.

No quiero hablar mucho del argumento de la película, prefiero que la vean. Para eso fue todo este escándalo. Recuerden: CABARET de 1972. Aquí un numerito que puede antojarlos más:

Mein Herr - Lizza Minnelli

jueves, 8 de enero de 2009

Bailarina en la Oscuridad

“Cuando el perro muerde, cuando la abeja pica, cuando me siento triste, simplemente recuerdo mis cosas favoritas y no me siento tan mal” The Sound of Music (1965)

Las gotas de agua sobre las rosas; El cielo gris, el que pesa; La luna cuando crece; Los charquitos de aliento en las ventanas; El sabor del tango, el olor del sexo; Los griticos rasgado de Joplin; Poemas delirante de Pizarnik; Tus ojos tristes cuando se cierran, Tu palidez incandescente, fría, que matiza mi calor… Son algunas de mis cosas favoritas.


Y como olvidar los musicales, pero es triste cuando llegan a la última canción “porque sabes que cuando se está poniendo divertido, y la cámara como que baja del techo, sabes que va a terminar. ¡Odio eso!”[1], odio esa sensación.


Hay uno especial al que permito llegar a su final, aunque termine con el alma descocida y una caja vacía de Kleenex: Dancer in the Dark, Bailarina en la oscuridad.


A los detractores de lo patéticamente bello les recomiendo alejarse de esta cinta. A los otros, los que no nos estorban los cojones para chillar, les regalaría con gustoso atrevimiento una copia de este musical.


La cantante islandesa Björk Guðmundsdóttir interpreta a Selma Jezkova, una inmigrante checa que llega a los Estados Unidos. Selma ha perdido su visión casi por completo, trabaja en una fábrica para conseguir el dinero para la operación de su hijo, quien ha heredado la enfermedad visual y degenerativa de su madre. La falta de imágenes y la monotonía de la factoría la llevan a momentos de éxtasis donde crea, con sonidos, una realidad musical. El dinero ahorrado desaparece, lo que se traducirá en problemas para Selma quien será acusada y condenada a muerte tras intentar recuperarlo.


Con un ritmo perfecto, la calidad del cine independiente, una buena historia y la voz de la islandesa; el director danés Lars von Trier logra un drama musical que, personalmente, considero un clásico del género y una película de culto.

Quien se atreva a soportar una buena historia, sin muchas rosas y un final desgarrador, les quedará buscar este film. La banda sonora fue compuesta en su totalidad por Björk. Este es el tráiler:


"Soñaba que estaba en un musical, en los musicales nunca pasa nada malo"


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[1] Bailarina en la oscuridad - Bjork – Selma Jezkova

jueves, 23 de octubre de 2008

CHICAGO… Y todo ese JAZZ!

“… HOTCHA … WHOOPEE ...”

Chicago, una sociedad consumista, el poder de la prensa y la radio, los atractivos años veinte; el escenario perfecto para grandes escándalos y grandes historias, sobre todo está, llena de crítica, mofa, sarcasmo y ante todo mucho, pero mucho Jazz.

Luego de ser un musical bastante taquillero en Broadway, Chicago fue llevada al cine en 2002 por Rob Marshall (Memorias de una Geisha), y merecedora de 6 premios Oscar. Es de admirar la versatilidad del director al adaptar esos escenarios teatrales al cine. En lo personal, considero un clásico del género a este musical. Es una de esas películas que nadie debería dejar pasar por alto. Además de manejar un humor fino en el que se esconde una punzante crítica social, está colmada de grandes momentos.

La película cuenta la historia de Roxie Hart, quien mata a su amante tras frustrar sus sueños de tener un performance en algún club de la ciudad; y la de Velma Kelly, una reconocida cantante, quien tambien asesina a su marido y su propia hermana al encontrarlos juntos en un hotel. Las dos mujeres se encuentran por azar en la cárcel del condado Cook, dispuestas a todo para evitar la pena de muerte. Billy Flynn, un abogado sin escrúpulos, como todos los abogados –sin escrúpulos, claro-, será el encargado de liberar a las dos mujeres. Este es más o menos el plot de esta historia.

Recuerdo que cuando vi la película por primera vez, descargue todas las canciones y me las aprendí en cuestión de una hora. Para aquella semana, en mi casa no sabían que hacer conmigo y todo ese Jazz que me había inyectado en las venas. No dejaba de pensar en nada que no fuera ese maldito musical: en la Jones bailando encima de las mesas, en Renée Zellweger disparándole a su amante y cantando “Nowadays”, en zapatos de tacón alto y hebillas, trajes destellantes, flashes y saxofón, en humo y luces, barrotes de cárcel, en licor y lentejuelas, y todos los personajes de ese circo desfilando por mi cabeza. Fue tan terrible el rayón que me dejó esta película que me quedaron un par de contusiones de las caídas en la ducha.

Los invito a que la vean y se enamoren un poquito, como yo, de este género. El primer número musical de la película, para que se antojen, se llama “All That Jazz”, aquí lo tienen:


THAT'S ALL FOLKS...

sábado, 18 de octubre de 2008

There’s always someone to catch you… En los MUSICALES

De obsesiones creo que no discutiré, todos las tenemos, pero expondré una de mis más grandes, una que ha ido naciendo gradualmente y que en ocasiones llega a ser –no para mí, para otros-, bastante molesta.

Los que han compartido conmigo interminables horas de dialogo infecundo y me han conocido al momento de ver un musical sabrán de que les hablo. Podría pasarme días con las melodías de estos films, cantar en el baño, tararear en la parada de buses, incluso responder con ellos a las cuestiones cotidianas. Imagínenme estar tranquilo, allí, estático mientras el mundo se derrumba, de repente en mi mente aparece Liza Minnelli en CABARET y el planeta entero se detiene, no puedo hacer más que mover mi trasero y cantar “Money makes the world go around , the world go around, the world go around…”. Es exagerado y patético, lo sé, pero también lo son los musicales y a quien le importa; a veces la exaltación de los sentimientos me resulta bastante bella.

La cuestión es que es un género que me apasiona, y me entristece saber que ha caído duramente en el olvido. Apenas si se ven musicales en estos días, es como si a la gente no le cupiera tanta fantasía en la cabeza, como si la belleza les estorbara y los sentimientos saturados les pesaran en el cuerpo.
Poco a poco publicaré entradas con una reseña sobre mis favoritos. Espero que les divierta tanto como a mí y que se atrevan a explorar este género al que muchos le han dado una bofetada, supongo que con la excusa Freudiana de “Cualquiera que despierto se comportase como lo hiciera en sueños sería tomado por loco”.

Les pido que, si desean hacerlo, me recomienden otros. Es una pasión que está reducida a unos cuantos films, así que sería bueno que colaboraran con la causa de meterle mas números a esta grabadora humana.

¡Ah! y sueñen un poquito.
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Nota: El titulo es una canción del drama musical DANCER IN THE DARK del director danés Lars von Trier, se llama “In The Musicals”, interpretada por la cantante islandesa Björk, quien protagoniza la película.

lunes, 29 de septiembre de 2008

AMERICAN BEAUTY...look closer

“Supongo que podría estar bastante enfadado por lo que me paso, pero es difícil estar enfadado, cuando hay tanta belleza en el mundo. A veces siento como si la viera toda a la vez y es demasiado. Mi corazón se llena como un globo que está a punto de estallar... Y entonces recuerdo que tengo que relajarme y no intentar aferrarme a ella, y entonces fluye a través de mí como la lluvia y no puedo dejar de sentir gratitud por cada simple momento de mi estúpida y pequeña vida... No tienes idea de lo que estoy hablando. Pero no te preocupes... algún día la tendrás”

American Beauty, quizá sea uno de los films más hermosos que jamás haya visto. Desde hace un tiempo se viene criticando el cine que nace en Hollywood y para nadie es un secreto la falta de creatividad que ha rondado aquel lugar en los últimos años. Pero no quiere decir que todo sea malo, pobre de aquellos que no encuentran en lo común lo verdaderamente bello y eso es American Beauty.
Algo tan simple como mirar al cielo y ver las nubes pasar, las arrugas en las manos de tu abuela, cuando una lagrima se desprende de un ojo triste o descubrir la sonrisa de alguien que te mira. Porque bello no es solo aquel colorido y esas curvas simétricas y los ojos azules de repetidos modelos en pasarelas brillantes; porque la belleza golpea cuando se mira, porque no basta verla sino observarla, sentirla en cada molécula y descubrirla a cada paso; cada instante es único y eres un espectador afortunado, nadie mira a través del mismo cristal.
Desde el titulo se anuncia la cantidad de significaciones que aguarda la película, la American Beauty es una especie de rosa hibrida, lograda a partir de modificaciones genéticas para obtener una flor perfecta –en apariencia-. Así, aparece una crítica para una sociedad postiza, de sonrisas rígidas, pieles de botox y frigidez afectiva; una sociedad de bellezas artificiales. Pero no todo está perdió, hay quienes encuentran algo más allá, lejos de la complejidad del razonamiento. Ya lo sabía Oscar Wilde cuando decía “La belleza, la verdadera belleza acaba donde empieza una expresión inteligente”.
Cuando vi la cinta por primera vez me sentí un poco como Lester Burnham (Kevin Spacey), desgraciado al despertar de ese “coma” en el que se encontraba; luego me identifique con Ricky (Wes Bentley) al darme cuenta de toda esa vida que hay detrás de las cosas; y al final no pude sino sentir esa gratitud de la que habla la película, por cada pequeño instante, cada pedazo de belleza que esconde nuestras insignificantes vidas.
Es uno de esos films que nadie puede perderse, habrá quienes crean que es una cinta romántica en su tratamiento, pero vale la pena apostar un poco por encontrar que a la vida hay que pintarla, vivir de una realidad ficticia es un acto suicida y debemos sacar –o inventar si es necesario-, esa magia tras los instantes para hacerla soportable.
Aquí les dejo el tráiler de la película: