"Yo no sé hablar como todos, mis palabras suenan extrañas y vienen de lejos,

de donde no es, de los encuentros con nadie.

¿Qué artículos de consumo fabricar con mi melancolía a perpetuidad?"

Alejandra Pizarnik


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domingo, 11 de julio de 2010

20 Years

Para qué obligar a las que no van a llegar, no en este momento. Para qué, si algún día volverán. No me pregunten qué pasa, no es la tinta, ahí está. Son los dedos.

Veinte años, soy un patojo, aún estoy completo y me opongo a morir así.

“A cantar dulce y a morirse luego no: ¡a ladrar!” A confiarme de malos ídolos, de niñas monstruo. A viciarme y enviciarme y embarrarme y mojarme.

Ya lo he dicho: no sé apostar mis cartas, pero me tomo el tiempo para meter la pata. Aunque tengo mis golpes de suerte, mis excepciones.

Uno, dos, tres… que termine el conteo, me puede el deseo… diecinueve, veinte, pido el deseo y apago la vela. Apago una vela y se enciende otra... que le echarán a esas velas para que vuelvan a arder. No importa, no tendré cuidado con lo que deseo, me daré esa licencia por ahora.

Esta canción me gusta:


There are twenty years to go
and many friends i hope
though some may hold the rose
some hold the rope

that´s the end and that´s the start of it
that´s the whole and that´s the part of it
that´s the high and that´s the heart of it
that´s the long and that´s the short of it
that´s the best and that´s the test in it
that´s the doubt,the doubt,the trust in it
that´s the sight and that´s the sound of it
that´s the gift and that´s the trick in it

Ps/ Si no pueden ver el video haga click en click.

sábado, 3 de julio de 2010

Me temo que le temo

Me temo que le temo a quitarme los zapatos y de pronto echar raíces, a desabrocharme los botones, sacarme la camisa, deshacerme de esta ropa; podría el aíre desbaratarme. Me temo que le temo a un silbido, un aleteo entre el ramaje, un picoteo constante. Al fruto, a la mano que asecha, invade y despoja. Me temo que le temo a ser un poco árbol. A la rama fracturada por un niño que sólo quiere mirar desde la copa para luego volver a tierra. Y es esa mala costumbre de temer a lo que temo lo que mantiene estos trapos tan bien puesto y desvía mi destino al intestino de alguna paloma.

lunes, 14 de junio de 2010

Cliché

la primera persona del singular
en un lugar común
en tiempo presente
va tras su cola
intentando morderla
una
y otra vez
y nuevamente
y una vez más

(bis)

en una de tantas
no sabrá qué hacer
cuando la alcance

se devorará
quizá
una vez engullido
le dará la gana de regurgitar
a su primera persona del singular
sobre un lugar común
en tiempo presente
irá tras su cola
intentando morderla
una
y otra vez
y nuevamente
y una vez más

(bis)

martes, 18 de mayo de 2010

Entrada N° 100 / Número Equivocado

A pesar de las telarañas y el polvo que se hace notar a veces en este espacio, intento mantenerlo actualizado. Ésta es la entrada número 100 de Ángel Lunático, pensarán que es muy poco para tanto tiempo del blog, pero no es cosa fácil. Las pequeñas tareas siempre me han abrumado, soy un mal vividor, no sé apostar mis cartas, pero me tomo el tiempo para meter la pata.

Muchas gracias a los seguidores, a los visitantes esporádicos, a los que comentan y a los anónimos.

Un saludo y les dejo este escritucho que hice hace poco.


Número Equivocado

-Aló… aló.

De vez en cuando lo llamo para espantar el fantasma, para saber que sigue vivo y que no es el mismo. Nunca respondo, para que no haga memoria, no vaya a ser que recuerde que aún existo pero soy otro.

Son dos aló por año, una sola llamada. El primer aló siempre suena con esa voz que era la del él de entonces, el segundo destiñe la escena y me devuelve al que soy ahora, que no es un yo con él. A veces él cuelga, otras tantas lo hago yo.

Debo aceptar que no sabré que hacer el día que no conteste. Quizá le dé por cambiar de domicilio, o muera sin que me entere.

Cuando es mi teléfono el que suena y nadie responde, lo nombro. Como nadie dice nada, y nada es mudez y nadie es un mudo, me doy la licencia de creer que se trata de él. Pero entonces habla el mudo y todo resulta ser un número equivocado. Él debe pensar lo mismo de mis llamadas, aunque en ese caso yo si soy el nadie que se queda mudo hasta que termina la llamada.

-Aló… aló.

Del otro lado el teléfono es colgado y el tono que se repite... se repite.

domingo, 11 de abril de 2010

A Woman Left Lonely

-A Darkbantha y a Janis Joplin-



De hastío se va llenando también la noche. De palabras retenidas por silencios coagulados. En el día la apetencia, en la sombras la abstinencia. Y las jornadas la van endiosando, envejeciendo, hostigando.

En la radio, o en mi cabeza, no sé muy bien donde se encuentra la mujer que grita:

A woman left lonely will soon grow tired of waiting.
She'll do crazy things on lonely occasions.


De mareas trastornadas, remolinos perturbados, de palabras verticales pronunciadas por un sexo enardecido; se va vaciando la noche de inaudibles maullidos.

Makes a touchy situation
when a good face come into your head.

Y así las fiebres de la noche irán quemando a una mujer abandonada, entretanto en la radio se atropellan los vocablos horizontales de una muchacha que va llegando a pedazos hasta mi cama.

domingo, 7 de marzo de 2010

En una esquina de la noche

A Quesito (04-08-09 ... 07-03-10)

Aguarda en una esquina de la noche,
la más oscura.

Una luna peluda vuelta sombra.

Oscura la noche, su esquina,
Oscura la sombra, su luna.

Allí su cacho, allí su cola.

Por eso llevo siempre
mi cascabel.

jueves, 4 de marzo de 2010

El Primer Hombre

Despertó,
pensó hacer lo mismo
que ayer.

Ignoraba que ese era
el primer día
de su existencia.

lunes, 8 de febrero de 2010

Las Formas del Vacío

Lo que habita entre palabra y palabra son las formas del vacío. La distancia que separa un átomo de otro es un agujero del tamaño del silencio, de la ausencia, del olvido.

Las formas del vacío moran entre parpadeos, en la bocanada de aire antes de invocar o decir lo que apena. Lo que vive en esa ausencia son mil ojos ciegos, orificios donde reposa un dios muerto porque está en el olvido. Son las tumbas de los ausentes, los alaridos de los dolientes, lo que no pronuncia la lengua se queda allí, en las formas del vacío.

Lo que habita entre palabra y palabra: las formas del vacío, la duda al pensar lo que se dice, el impulso de decirlo sin pensarlo, el temblor, el escalofrío, el vahído de un espasmo.

De esas formas del silencio se derraman los gritos que hemos de proferir, es de allí donde se avienta la palabra que vendrá tras la antes pronunciada. Cada palabra trae su silencio del que se arroja la siguiente. Cada palabra y su ventana, cada palabra y su vagina, pariéndose en sucesión de gritos y afonías.

Invirtiendo la formula, lo que habita entre silencio y silencio son entonces palabras mal dichas, palabras perforadas, vocablos agrietados. Ante la imposibilidad del habla, del intento del más pequeño poema, queda el consuelo del vértigo al aventarse de un vacío, pronunciarse y tropezar con otra brecha por la que aventarse nuevamente, para volver a ser mencionado, y así hasta caer de bruces al punto último del escrito y encontrar que también este tiene cara de ser un hueco.

viernes, 5 de febrero de 2010

El Espejo

-Hay quienes dicen que todo se parece a su dueño. Por eso hay casas tan ataviadas como los señores que las habitan, y sus mujeres al mismo tiempo tendrán cara de venado cazado y convertido en trofeo. Dicen que los animales terminan por parecerse a sus amos, que adquieren características que los semejan. Pero me he estado preguntando, qué será de nosotros.

Me mira el hombre como sorprendido, no tanto por encontrar que un extraño le haya hablado de nosotros con tanta propiedad, como viejos conocidos, sino porque no usara la muletilla del clima o las próximas elecciones para entablar conversación. Sin embargo, contesta:

-Tendremos cara de calle.

-O carrera- añado.

No sé cuánto pasó hasta que se me ocurrió decir:

-Los muchachos en las esquinas parecen grafitis. Hay perros con cara de callejón sin salida y gatos con la fisiología de los tejados. Niños en la calle con cara de alucinados, porque pertenecen a sus amigos imaginarios. Y las putas son tan sólo dueñas de sus tacones de hebilla, hebillas tan gastadas por el uso que se abren al mínimo toque, como las piernas.

-Lo ve, de ser así ha obtenido su respuesta: cara de algo también tenemos. Tarde o temprano todos encontramos nuestro soberano, algo terminará consumiéndonos y en agradecimiento, nosotros acabaremos pareciéndonosle.

-Un momento, que me he confundido. Pero quien decide su amo o su esclavo. Quiero decir, ¿es la rata de alcantarilla o la alcantarilla de la rata?

-Poseer es un verbo en doble vía. El patrón termina atado a su esclavo. El amo saca al perro y el perro arrastra al amo. La joya es del dedo, pero el dedo se acostumbra a la joya.

Pienso que este hombre tiene cara de pesadilla. Tiene los ojos muy hundidos, y los cachetes, pero su boca es como si estuviera en constante grito, como si se absorbiera por todas partes y luego intentara botarse por la boca pero no le saliera; como en las pesadillas.

-Usted tiene cara de perro persiguiendo su propia cola- le digo-, de dar vueltas en el mismo sitio y nunca detenerse.

-Mi profesión es la de relojero, ha de ser por eso.

-Entonces tiene la cara del tiempo. Si las manecillas tuvieran ojos también tendrían ojeras, como usted. Usted es entonces una manecilla andante, y aunque se ha detenido en este lugar no ha parado de hablarme. Aún su segundero camina en su mente y el minutero en su boca y usted sólo espera que le llegue la hora para cambiar de sitio.

-Pero si ha sido usted el que me ha puesto charla- dice indignado.

-Yo sólo le he dado cuerda. Y a todas estas, ¿de qué tengo cara yo?

-Usted es un animal raro, muy raro, un caso perdido. Un loco de parque, un descarado.

-No, cara de algo debo tener.

Se levanta del asiento, camina tres pasos, se vuelve hacia mí y dice:

-Me hace perder usted el tiempo. Es usted el que ha estado dando vueltas en el mismo punto.

Ese es el problema con el tiempo, pienso, que odia verse consumido, derrotado, perdido. Y entonces su solución, para no perder su titulo del que todo lo destruye, es aventar su ira sobre el espacio. Se enfrentan espacio y tiempo, lo que termina por envejecer a uno y entristecer a otro por perder su gobierno sobre algo. Como el amo, como el esclavo, condenados a su relación de mutuo sometimiento.

-¡Pero qué tarde está!- grita.

-Le ha llegado su hora. Pero antes, dígame la verdad: de qué tengo cara.

-Usted tiene la cara de los espejos y esos no tienen gobierno. O por lo menos cambian muy a menudo de dueño, ponen cara de lo que se les pare enfrente. Tiene usted razón, me llegó la hora, buena tarde.

Poco le entendí ese cuento de los espejos, pero tampoco quería seguir dando vueltas sobre el mismo asunto. De suerte que se sentó una mujer en su lugar, una astrónoma, pero lo de ella fue otra historia que comencé más o menos así:

-Yo te diré lo que somos: todos somos estrellas…

miércoles, 3 de febrero de 2010

Arcano del Día: La Muerte

La vida es un gato arañándome la pierna para que juguemos, el resto es muerte. Muerte: un helicóptero sobrevolando la ciudad, un vacío en el dedo donde debe ir un anillo, una casa habitada por un ausente. Muerte el globo que escapa del niño, el grito del niño, una bola de helado en el pavimento.

La vida es un gato que juega cuando le viene en gana, el resto, ya lo he dicho, pertenece al terreno perpetuo de las Moiras. La una teje, la otra enrolla, la tercera deshilacha la madeja que las otras han hilado; como los gatos...

¡Un segundo! Que es un gato el que insiste en hacerme creer que es la vida y me invita a jugar.

lunes, 1 de febrero de 2010

Algo Duele

Sí, volví. Volví porque me duele. Volví porque todavía tengo cosas por decir. Volví porque aún tengo plazo y licencia. Volví, sí, ya lo dije, porque 'a mi también me duele'.

Algo Duele

en la palabra retenida
y en la que ha sido dicha

algo en las venas
en las arterias
algo en doble vía
duele

en el cerebro
en las neuronas
en las ideas
duele

en la boca
en los dedos
en los dedos cuando los muerde la boca

en los huesos
en los huecos
en lo amputado
algo también duele

algo en el sexo
en el espasmo
tal vez

en el dolor
algo duele.

viernes, 1 de enero de 2010

CARTA DE RENUNCIA

Me gustan los viajes por carretera, debe ser algún gen que quedó incrustado de mi papá. Mi papá trabajó mucho tiempo de camionero y no es raro que sea capaz de nombrar en orden de ida y venida los pueblos de muchas carreteras de este país. Me gusta, me gusta mucho cuando la carretera está vacía y la música se va regando a cada kilometro. Me gusta pensar que también yo me deshago y que las líneas entrecortadas y amarillas del camino quedan unidas por mis pedazos. Me gusta mirar por la ventana e inventarme historias, pensar en lo complicada y accidentada que puede resultar la geografía colombiana y que por eso no es raro lo que sucede en este país. Pensar también en que para vivir en este pueblo hay que tener muchas guevas o, mejor dicho, ser un guevón. Pensar en que quizás la cosa cambiará y al instante siguiente estar a carcajadas por los pensamientos absurdos que alguien tan absurdo como yo podría tener.

No sufro mareos, las curvas peligrosas no me afectan –mis gustos son muy distintos-, y estoy acostumbrado a los carteles de depresión a 100 m. Aprendí que el amor huele a polilla estrellada contra parabrisas, porque a eso me olió la primera vez que amé a alguien y me fui de viaje muy lejos. Se estrellaron tantas polillas esa noche, tanto me regué en la carretera, otro tanto fue a dar al mar. Lo peor es que después toca limpiar el vidrio y es como recordar todo eso que a uno le duele adentro y que creía ya hace tanto estrellado y muerto.

Siempre quise viajar, soñé mi vida robando un carro y escapándome, corriendo de la policía y dejando cuentas sin saldar en los restaurantes y hoteles a lo largo de la carretera. Así fue que nació Ángel, y también de la pregunta: ¿Qué habrá al final de una carretera?

Tomar un auto, encenderlo como los ladrones en las películas y hit the road, honey. Y de pronto no soltar el acelerador y dejarse llevar por las curvas y no importar donde llegar. Y qué si se extiende toda una existencia, y qué si mi vida es la carretera y mi final el mar…

Y Ángel, Ángel era mi compañero de viaje, Ángel se montaría como un completo extraño a mi auto… Ángel sacaría su cuerpo por la ventana del carro en movimiento mientras afuera llueve, y cuando estuviera de nuevo sentado en el asiento, justo a mi lado, tendría pequeños puntos rojos por los golpes de la lluvia… y Ángel sabría hacer fogatas y contar historias de espantos que acechan en las carreteras... a Ángel le gustarían los días grises…

Pero acontece que las carreteras de este país conducen a lugares comunes y desgastados… los espantos en la carretera se visten de verde y se hacen llamar Eroes… los lagos donde tomaría baños cada vez que se recalentara el carro están ahora secos o cuajados de sangre.

(A veces tengo la sensación de que dentro de mi cabeza hay un cumulo de sangre duro y gris, sí, sangre gris porque está muy triste… y cuando no soporto el dolor en mi cabeza, en el coagulo por cerebro que tengo, me tomo un anticoagulante y todo el gris se me riega por el cuerpo)

Pero ahora todo me resulta absurdo. Absurdo es una de mis palabras favoritas. Absurdo es el devenir que ya pasó, absurdo el pasado que ha de venir, absurdo el presente que ya no está y los instantes que se consumen sin piedad. Absurdo lo que hago y lo que sueño. Soy incoherente, ni yo me entiendo cuando hablo de peces que no son peces y de mujeres que son ciudades y se engullen a sus hijos en el preciso instante que los paren, de selenitas que tienen cúmulos estrellados en la espalda y mujeres que nunca he tocado.

Absurdo hacer mías palabras que otros pueden usar mejor. Otros tendrán historias más interesantes. Yo sólo soy un muchacho… un miserable sin miseria, en realidad, un miserable por sentirse miserable y no serlo. Comencé esto por mi miedo a gritar y que no me saliera nada de la garganta, ahora me salió y no me gusta como suena. Otros tienen que gritar porque deben hacerlo, lo mío quizás sea sólo un capricho. Hay otras cosas en que pensar y no en absurdos.

Y con todo esto lo que quiero decir es... mejor dicho, quiero detenerme. Quiero congelar esto en este instante. Que si alguien lo encuentra y le apetece pueda aprenderse cada hoja, palabra e imagen que exista en este pedazo de ciberespacio. Que si a alguien le sirve, pues aquí estará y es limitado.

No puedo, no me nace. Lo siento…

Terminé el 2009 a mi manera, por la carretera. También se estrellaron muchas polillas esta noche, pero esta vez me dolía otro lugar cerca del hígado. Algo sucedía allá afuera, detrás de las nubes... Ángel muere cuando dos balas se le incrustan donde deberían ir sus alas... y es absurdo, patético, insoportable.

Y no quiero pensar en nada. De niño practiqué natación, patinaje y otra cantidad de cosas; todas las dejé empezadas. Tengo esa mala costumbre. El horóscopo dice que se debe a que mi signo, Cáncer, es cardinal y solemos comenzar muy animados y apaciguarnos fácilmente. Pero sinceramente, una idea ha estado rondando mi cabeza esta noche, y tan sólo quiero detenerme...

Feliz año.

Stop...

(quizá después dé la vuelta al cassette)

lunes, 28 de diciembre de 2009

Patio Trasero

Desprendido el patio trasero del mundo, nuestro destino estará dedicado al tedio cotidiano, a la suciedad perpetua eterno aburrimiento, o quizá a una inmortal sensación de nunca estar secos.

Estuve soñando –yo siempre lo hago-, que el patio trasero del mundo era desaparecido, y la gente ya no tenía donde extender sus trapos, entonces ya no estaba el grito en la casa de entrar las ropas cuando lloviera, del viento que sopla sobre las telas. Los niños ya no tenían paredes de lino para plasmar sus manos sucias en mariposas de diez dedos que olían a tierra y estiércol.

Estuve soñado –y a veces no paro-, que el mundo usaba siempre el mismo atuendo, sus zapatos raídos. Cuán aburrido y sucio. Y la gente ya se conocía las camisas, los amantes ya aburridos de saberse viejos atavíos, sin bragas nuevas que romper y los mismos botones que remendar después del sexo.

Y algunos con sus ropas mojadas porque no soportaban el hedor a día eterno, salían a cazar alguna gripe y terminaban arropados por sudarios reciclados. Eran tiempos de inconformes y ya nadie estaba demasiado seco sin el patio trasero del mundo.

Entonces fue cuando sucedió, que en el sueño todos se despojaron de sus vestidos y los tiraron al gran vacío que había en el mundo, sábanas empantanadas por niños traviesos y tirantes que cuajaban el gran lienzo, colocaron un cierre para que no se desbordara tanto paño y almidonaron la superficie para marcar las arrugas simulando las que antes existían. Pusieron botones donde antes solía haber jardines de flores y colgaron las cuerdas del nuevo patio trasero del mundo…

Cuando desperté –siempre hay que hacerlo-, el planeta también lo hizo, y todos iban vestidos como el día lunes es debido y yo andaba empapado buscando un sitio donde extender tanto mojado.

Alguien debería inventarle un tendedero a este mundo.

Postal de 1904, Tendederos en New York City

martes, 22 de diciembre de 2009

Pececillos de Plata, Avioncitos de Papel

Caballitos de felpa con las costuras visibles en los bordes, para afilar las uñas en sus lomos cabalgantes. Un parque en París donde una loca les da arroz a las palomas. Un barco pesquero cargado de atún…

Anoche soñé que unos pececillos de plata se comían las mejores frases de los libros, pero no eran pececillos de esos que nadan en los lagos o en el mar, no, eran Lepismas saccharina, unos insectos escamosos y brillantes que han sobrevivido más de cuatrocientos millones de años merendando letras, pegamento y almidón.

Contaba pues mi sueño: los insectos nadaban en su océano erudito, recitaban las mejores citas que habré escuchado, las arrancaban de la hoja y se las engullían y de repente ya nunca más se repetían en la historia. Cuando ya no les quedó nada de su banquete de todos los libros del mundo, se acercaron arrastrando sus acorazados y lustrosos cuerpos hacia mi mesa de noche donde reposaba, ¡con espectacular portada!, el último ejemplar de toda la historia de La Condesa Sangrienta de Pizarnik.

Imaginarán ustedes el terror del sueño y el cuadro de aquellos monstruos minúsculos, con sus nano-colmillos ensangrentados y sedientos por las últimas palabras bien impresas que quedaran en el mundo onírico.

Bien fue que desperté y allí estaba mi gato, maullando por su bocado matutino y salvándome de las garras de aquellos alucinados comepapeles.

De niño siempre quise un gato, mi abuela tenía uno que nunca tuvo nombre, porque según ella un gato se llamaba como quería y nada más, jamás atendería a un mote impuesto.

La odisea de traer un felino a casa fue toda una epopeya, fue de sorpresa y asegurándome un hotel por si no me aceptaban con él en casa. Cuando lo vieron admitieron su estadía con fingido recelo. Al momento ya todos estaban en carrera por el nombre: Ángel, Miau, Champiñón, Salmón, Panzerotti… lo llamaron de todas las formas como libros se comieron los pececillos plateados, sin embargo él aún no responde, ni lo hará. La abuela tenía razón.

Quesito lo llamo, a disgusto de muchos el nombre, pero es cómodo a la hora de sacar canciones mientras preparo el desayuno.

Quesito… a Quesito le gustan las polillas que se comen la ropa, le hace compañía al monstruo en mi armario cuando no estoy, y escucha Janis Joplin. Los aviones de papel lo divierten más que los ratones de peluche y esos artilugios que se inventan más para los dueños que para los gatos.

-Queso Amargo –así también lo llamo-, esto es un avión, un avión de papel; y ese de allá arriba es uno pero de metal. Este que tengo en mi mano lo podría fabricar un niño de cuatro años y pintarle personitas; ese en el cielo no es origami y es tan complicado como la gente que los hace. Además de personitas de verdad que viajan en el maletero como polizones, en algunos casos también carga polizontes que vendrán a defender la democracia- y a falta de gesto para burlarse de mi, Quesito voltea la cabeza, mira el pájaro de alambre y gruñe.

Y por eso es que le gustan los aviones de papel al felino lácteo, y no los de metal. Y los peces: el atún, el salmón y los pececillos de plata que no son peces ni viven en el agua ni vienen enlatados.

…Una finca lechera donde las vacas lo llaman para que las ordeñe. Un móvil de aviones, grullas y barquitos de papel. Las últimas gotas de vodka olvidadas en los vasos después de una fiesta. Una Nepeta cataria germinando súbitamente por entre los rincones de la casa…

Creo que con eso sueña mi gato, y con peces también yo.

______________________________________
Cuento Cósmico para Gatos Lunáticos:

jueves, 10 de diciembre de 2009

Epístola de los miedos

A Esteban, por su-puesto...
“Recibe este rostro mío, mudo, mendigo.
Recibe este amor que te pido.
Recibe lo que hay en mí que eres tú.”
Alejandra Pizarnik

Lo que me inspira el papel, el puro hostigamiento de su olor, es el miedo a dejarlo impoluto, virgen. Tengo miedo, y como Alejandra, me oculto en el lenguaje para poder aquietarme, para encontrar el silencio que con la palabra llega.

De pronto frente al papel el miedo se escurre, o al menos se arropa debajo de los bordes filosos de alguna palabra oportuna.

Lo que me inspira tu tacto, el mismo acoso, el mismo miedo de no atreverme a temblarla.

“En la noche a tu lado
las palabras son claves, son llaves.
El deseo de morir es rey.

Que tu cuerpo sea siempre
un amado espacio de revelaciones.”


Así que no huyas, muchacho, no corras, no te le escapes a mi lenguaje, ya te lo dije: tu lógica es la de la palabra misma, y la mía la de quien se atreve a redundarte en un intento de invocarte.

Tantas veces la jaula se hace pájaro y no sé qué hacer con el miedo que se vuela, el miedo de intentar re-encarnarte en esta carne de palabras tan desprovista de tacto, cómo dibujarte “con estos dibujos malos”. Tantas veces el miedo, la "niña de tiza rosada en un muro muy viejo súbitamente borrada por la lluvia". Tantas veces el del grito en ascenso de un niño que ha desasido su globo.

“¡oh quédate un poco más entre nosotros!”

Esta verdad mal dibujada con la mentira de la palabra, hoy, tómala, tuya en tu aniversario.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Mercedes

Mercedes, su nombre es Mercedes y es actriz, pero no actriz porque sí, sino de teatro. Mercedes tiene un gato llamado Delilah, y sí, le puso así por Freddie Mercury. Mercedes ya alcanzó los cuarenta, no tiene hijos ni esposo, dejó a su último novio porque sólo le regalaba rosas y olvidaba fácilmente el nombre de su gato: Delilah, Delilah, oh my, oh my, oh my.

Mercedes mueve los labios como si hablara en silencio, lo hace mirando su reflejo en la ventana del metro y lo que dice lo sé, es el guión de su siguiente obra, su primer monólogo.

Mercedes piensa que es demasiado alta para su nacionalidad, tiene porte de señora inglesa, pero a diferencia de esta no toma el té ni cruza las piernas mientras orina.

Mercedes tiene el cabello negro y la piel muy clara, unas cuantas arrugas en la frente revelan que todo le sorprende.

Mercedes va al cine tres veces al mes, no come popcorn porque le deshace el nudo en la garganta cuando le da por llorar en las escenas dramáticas. Nunca ve una película completa, abandona la sala antes del final para dedicar el resto de día en desenredar la trama a su antojo; así se deshace de los debate políticos y religiosos.

Mercedes, imagino tu llegada a casa: abres la puerta y al primer paso tu chaqueta vuela, tus tacones por los rincones, tu pantalón sobre la tele, tu ropa interior servida en el comedor y finalmente caes con todo tu día, escurrida y desnuda sobre el sofá de cuadros, con una botella de vodka entre las piernas. Luego riegas la matera donde hace un tiempo sembraste una semilla y aún esperas que florezca. Lavas los platos con la radio encendida hostigando a los vecinos. Tomas un baño con la puerta abierta y los ojos cerrados, imaginando que algún muchacho se inmiscuye en tu apartamento y te observa. En la mañana, frente al ascensor, le guiñas el ojo al del cuatrocientos dos para que piense en ti mientras se coge a su novia.

Mercedes abandona el vagón en la misma estación en que yo lo hago y se mezcla entre la gente pero aún sobre sale. Ya en la calle la veo alzar su mano, tomar un taxi que la llevará a su verdadero destino de posibles hijos, esposo y perro, de ingeniera administrativa o secretaria ocho a seis, de guardería, entrega de notas y visitas al psicólogo, de piernas cerradas en su sofá a rayas, de ‘no andes desnuda por toda la casa’, de visitas y señoras muy formales que llegan puntuales a tomar el té.

Mercedes, y junto a mí su nombre y la vida que le he inventado.

sábado, 28 de noviembre de 2009

Lo que es la vida

-Es algo así como un libro al que debes repasar con tus dedos, porque eres ciego. Tantear letra a letra, como si presionaras botones que terminan por encender o, en la mayoría de los casos, apagar algo.

-¿Te sostengo el cigarrillo?- me pregunta y lo toma de mi boca mientras libero el humo. Luego lo coloca en su sitio, de nuevo.

-Después te das cuenta que las hojas eran unas cuchillas enormes y las palabras filosas hendiduras, como un rallador gigante. Pero igual sigues leyendo con tus dedos convertidos en incipientes muñones, hasta que no queda más remedio que utilizar todo tu tacto.

-Ah, ahora entiendo- vuelve a retirarme el cigarrillo al aviso de mis ojos enrojecidos, bocanada afuera y lo devuelve.

-Cuando llegas al último verso -o llega lo que queda de uno, el esqueleto-, justo al oprimir el gran botón, el punto final que en definitiva detonará al circuito entero, el libro se cierra como una trampa para osos que se engulle lo que queda de ti.

-Con que así es como sucede.

-Sí, así exactamente.

-Lo que es la vida, ¿te apago el cigarrillo?- es lo último que dice, antes de apartarlo de los que solían ser mis labios y tirarlo. Luego, me cambia las vendas.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Guardarropa

Hay quienes guardan el vestido de matrimonio, las joyas de la abuela o el diente que nunca se llevo el Ratón Pérez. Otros, un monstruo noctívago o una fotografía de algún amor secreto, que vienen siendo lo mismo.

Los fetiches están bien escondidos en los rincones, allá, tras otras prendas menos indecorosas. Escondemos viejos tiempos, por si una noche nos da por almidonar la memoria.

No faltará el extraño que llegue a despojarnos de pretextos, recatos y esos accesorios necios, entonces descolgamos el goce para hacer espacio a los que tanto estorban entre sábanas, los escrúpulos que se escurren ensopados.

Hay días en que nos encerramos para hacerle compañía al engendro solitario y cuando salimos, todos húmedos y oscuros, no soportamos el aire limpio y la luz que hostiga en los ojos.

Habitan corazones que van quedando en desuso, o terminan devorados por los insectos que se deleitan con los harapos que vamos guardando; y por eso el amor huele a polilla estrellada contra parabrisas.

Es importante entonces, no olvidar colocar las bolitas de naftalina en el armario, sacar los trapos al sol, darle un baño a nuestro monstruo una vez al año.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Pensamientos inútiles a las 3:33 de la madrugada

1.

Tres y treinta y tres en verde fluorescente titila el despertador. El despertador fluorescente titila en verde: tres y treinta y tres. Titila fluorescente el despertador las tres y treinta y tres en verde. Tengo una amiga quien gritaría si viera ese número, sufre algo así como una triscaidecafobia pero con el número trescientos treinta y tres; o más bien una triplehexafobia dividida por dos. Sí, seguro moriría en este momento con el tráfico de tic-tac en los relojes del cuarto contiguo, el del relojero. También sé de un niño que cuando tiene pesadillas en la noche corre al cuarto de sus padres, se detiene ante la puerta y prefiere dormir allí en el suelo; lo espantan esos pasos acompasados del reloj al otro lado.

2.

Cuántas escaleras habré escalado para confirmar que si el menguante de la luna no es más que la sombra proyectada por la tierra, y si yo -habitante de este mundo, terrícola escapista, humano orbitando la locura- lograse alzarme lo suficiente para que el sol recayera sobre mí, también mi sombra se reflejaría en la luna.

3.

Qué gran avance ha representado para la literatura la máquina de escribir y, posteriormente, el teclado de computador. Antes, la costumbre era la de redactar a una sola mano, bienaventurados los onanistas ambidiestros. Pero ahora todos podemos pertenecer a ese excelso grupo que ha logrado una economía estable en sus dos manos: de a tres teclas por dedo, el comunismo del teclado. Sí, en definitiva la producción literaria pudo haber aumentado; su calidad… dejémoslo en que ha entrado a eso que llaman producción a gran escala. Por eso, aunque ahora se escriba a dos manos por hombre, la muy condenada seguirá incompleta.

4.

¿Que por qué era tan grande Mercedes Sosa? Imagínese usted, tener que cargar con toda la voz de Latinoamérica. Se debe ser robusto, fuerte y grande, con la piel gruesa y bien puesta para no romperse con esos gritos, gruñidos y llantos.

5.

Para sobrevivir en Medellín se deben dejar los escrúpulos de lado, aprender a tratar con las putas y poco a poco desmontarles las cuchillas que llevan entre las piernas. Mejor dicho, hay que saber alzarle la falda a las montañas.

6.

Tres y treinta y tres de la madrugada. Se fue la luz. Ya no titila el despertador. Tres y treinta y tres rezaba en verde fluorescente. Y como a esa hora se fue la luz, entonces esa hora seguirá siendo hasta que vuelva. Pero la luz no se va, se fue la energía, porque la luz la tengo en esta vela. Mejor dicho, se trasformó la luz como la energía, que tampoco se va, sólo que el lenguaje no es suficientemente explicito para decir algo como que se apagó el bombillo a causa de que los impuestos no han sido pagados. Pero la vela me es suficiente. Se refleja mi sombra en la pared, como lo haría en la luna si me alzara lo suficiente. También está la sombra de mi cigarrillo y de pronto me pregunto por qué cuando lo aspiro, el de mi sombra también se consume pero no se enciende como el mío. Concluyo entonces que no soy el único oscuro esta noche, también el pobre quema su pena sin hacer mucho ruido.

sábado, 24 de octubre de 2009

En Buenas Manos

“Oh mis muertos
Me los comí me atraganté
No puedo más de no poder más”
En Esta Noche, En Este Mundo – Alejandra Pizarnik


-Abuela, los perros no bailan, los que bailamos por la plata somos nosotros.
-Pero un perro bien entrenado baila porque baila.
-Igual que un hombre bien remunerado.

Pobre de mi abuela, se fue engañada. Creyó que todo iba a cambiar, que quedaríamos en buenas manos. Seguramente el día que se fue pensaba que la nevera estaba llena, que la leche no se vinagraba hervida. Que todo mejoraría, que quedábamos en buenas manos, creyó que todo iba a cambiar. Se fue engañada, pobre de mi abuela que en paz descanse.

-Papá, me sabe mal este café. Le digo que la leche está vinagre.
-La leche hervida no se vinagra.
-Pero si lleva una semana ahí puesta.
-Todo está bien, mijo, impresiones suyas.

Papá, yo le advertí lo de la leche. De seguro la vaca estaba enferma, tendría la ubre infectada, la leche cortada. Sí ve, papá. Yo se lo dije. La abuela dejó la leche ahí puesta, pero ya estaba vinagre desde antes, por eso la hirvió, para intentar arreglarla. Pero ya ve, papá, lo mal que le ha caído el café de esta mañana, por eso yo no lo tomé.

-Mamá, no lloré. Mire, deje toda la ropa de mi abuela ahí en el armario. No hay necesidad de hacer eso ahora.
-Es mejor ventilar la pena, mandarla a quemar. A alguien le servirán estas prendas.
-Sí, mamá, pero no hace una semana que la abuela murió. Venga, no se ponga en esas. Tómese este cafecito para que llene el estomago.

Sí ve, mamá. Lo confirmamos. Son las vacas las que están dañando la leche antes de darla. Vea que ya papá y usted están en cama. Lo mejor será dejar de tomarla, por lo menos hasta que las vacas dejen de dañarla.

-Ay, mamá, la leche no deja de llegar cortada. Algo les pasa a las vacas. Pero mientras tanto, coma algo y páselo con agua. Dele a papá.
-Comamos los cuatro, llame a su hermano.
-No, mamá, ya me han traído a mí el alimento. No les guardé porque no me lo permitieron. Tuvieron que cambiarme las sabanas, les había escondido unos bocados a ustedes bajo la almohada.
-¿Usted ya comió?
-Sí, una mujer entró al cuarto y me dio de comer. Yo le pedí para ustedes, pero fue como si no me escuchara. ¿Dónde está Martín, mamá?
-En el cuarto de la abuela, encerrado.

Martín está como raro. De pronto sus rasgos están perturbados. No creo que sea la leche. Tal vez el agua también ha llegado envenenada. Nos van a dejar morir de hambre, que alguien haga algo.

(-Tranquilo, tranquilo, va a sentir una picadura y…
-Pero mire, que es Martín, está muy raro, como desfigurado. Hace tanto no come…
-Tranquilo, duérmase).

-¡Mamá!, mamá despierte. Papá esta vomitando. ¡Mamá! vístase que nos vamos. Vaya póngase la chaqueta, voy a despertar a mi hermano. Escuche allá afuera lo que está sonando. ¡Despierte, mamá!

Qué le pasa a Martín que de pronto se ha puesto morado. Que son esos ojos tan extraños. No parece mi hermano. Y papá se ha quedado encerrado en el baño. Todo está vuelto mierda, los trastos no se han lavado. La alcoba de mi abuela desordenada, que extraño. Esta mañana estaba todo arreglado. Oigo pasos.

-¡Mamá!

Fue el agua que les hizo daño. ¿Pero por qué Martín está amoratado?

(-¡Quién es usted, qué me está inyectando! Le digo que yo no los maté, fueron las vacas, el agua y los que entraron rompiendo la puerta y disparando a todos lados. Nada es muy claro.
-Shh… tranquilo, sólo es un delirio).

Sé que mamá ya estaba muerta, yo lo sé, antes que ellos irrumpieran. Se estaba allí quietica. Sin embargo uno de ellos se acercó y le asestó un disparo entre sus parpados. A papá no lo vi, pero no salió del escusado. Al pobre Martín sí, lo vi todo, yo estaba escondido entre el armario del cuarto de la abuela, él recostado en la cama. Ellos entraron, mi hermano apenas alcanzó a detallarlos. Estaba gritando porque lo había despertado el disparo en la habitación de mis padres. Pobre Martín, yo lo vi, el me miró también sin delatarme.

-Abuela, que los perros no bailan. La leche está vinagre. El agua sabe raro. Abuela, le desordenaron la cama, no se enoje conmigo. Qué hago con Martín que lo veo desmadejado. Abuela, Martín se ha escurrido entre las sabanas y mamá no puede venir a consolarlo. Papá aún no sale de ese baño. Yo me he escondido, cobardemente, en el armario. Abuela, ¡los pasos! Fueron ellos, pero nadie lo cree, me toman por perturbado.

No sé de haber gritado que me habría pasado. Pero sé que no estaría aquí amarrado. Yo no estoy loco, no me lo digan, que no estoy loco. Ustedes no se creen la pesadilla, porque suena a cuento inventado. Pero les digo, les digo que pasó y ya ha pasado.

(-Enfermera, por favor, suelte un poco más las correas que me están asfixiando.
-Tranquilo, tranquilo. Está en buenas manos).