"Yo no sé hablar como todos, mis palabras suenan extrañas y vienen de lejos,

de donde no es, de los encuentros con nadie.

¿Qué artículos de consumo fabricar con mi melancolía a perpetuidad?"

Alejandra Pizarnik


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sábado, 3 de julio de 2010

Me temo que le temo

Me temo que le temo a quitarme los zapatos y de pronto echar raíces, a desabrocharme los botones, sacarme la camisa, deshacerme de esta ropa; podría el aíre desbaratarme. Me temo que le temo a un silbido, un aleteo entre el ramaje, un picoteo constante. Al fruto, a la mano que asecha, invade y despoja. Me temo que le temo a ser un poco árbol. A la rama fracturada por un niño que sólo quiere mirar desde la copa para luego volver a tierra. Y es esa mala costumbre de temer a lo que temo lo que mantiene estos trapos tan bien puesto y desvía mi destino al intestino de alguna paloma.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Epístola de los miedos

A Esteban, por su-puesto...
“Recibe este rostro mío, mudo, mendigo.
Recibe este amor que te pido.
Recibe lo que hay en mí que eres tú.”
Alejandra Pizarnik

Lo que me inspira el papel, el puro hostigamiento de su olor, es el miedo a dejarlo impoluto, virgen. Tengo miedo, y como Alejandra, me oculto en el lenguaje para poder aquietarme, para encontrar el silencio que con la palabra llega.

De pronto frente al papel el miedo se escurre, o al menos se arropa debajo de los bordes filosos de alguna palabra oportuna.

Lo que me inspira tu tacto, el mismo acoso, el mismo miedo de no atreverme a temblarla.

“En la noche a tu lado
las palabras son claves, son llaves.
El deseo de morir es rey.

Que tu cuerpo sea siempre
un amado espacio de revelaciones.”


Así que no huyas, muchacho, no corras, no te le escapes a mi lenguaje, ya te lo dije: tu lógica es la de la palabra misma, y la mía la de quien se atreve a redundarte en un intento de invocarte.

Tantas veces la jaula se hace pájaro y no sé qué hacer con el miedo que se vuela, el miedo de intentar re-encarnarte en esta carne de palabras tan desprovista de tacto, cómo dibujarte “con estos dibujos malos”. Tantas veces el miedo, la "niña de tiza rosada en un muro muy viejo súbitamente borrada por la lluvia". Tantas veces el del grito en ascenso de un niño que ha desasido su globo.

“¡oh quédate un poco más entre nosotros!”

Esta verdad mal dibujada con la mentira de la palabra, hoy, tómala, tuya en tu aniversario.

sábado, 24 de octubre de 2009

En Buenas Manos

“Oh mis muertos
Me los comí me atraganté
No puedo más de no poder más”
En Esta Noche, En Este Mundo – Alejandra Pizarnik


-Abuela, los perros no bailan, los que bailamos por la plata somos nosotros.
-Pero un perro bien entrenado baila porque baila.
-Igual que un hombre bien remunerado.

Pobre de mi abuela, se fue engañada. Creyó que todo iba a cambiar, que quedaríamos en buenas manos. Seguramente el día que se fue pensaba que la nevera estaba llena, que la leche no se vinagraba hervida. Que todo mejoraría, que quedábamos en buenas manos, creyó que todo iba a cambiar. Se fue engañada, pobre de mi abuela que en paz descanse.

-Papá, me sabe mal este café. Le digo que la leche está vinagre.
-La leche hervida no se vinagra.
-Pero si lleva una semana ahí puesta.
-Todo está bien, mijo, impresiones suyas.

Papá, yo le advertí lo de la leche. De seguro la vaca estaba enferma, tendría la ubre infectada, la leche cortada. Sí ve, papá. Yo se lo dije. La abuela dejó la leche ahí puesta, pero ya estaba vinagre desde antes, por eso la hirvió, para intentar arreglarla. Pero ya ve, papá, lo mal que le ha caído el café de esta mañana, por eso yo no lo tomé.

-Mamá, no lloré. Mire, deje toda la ropa de mi abuela ahí en el armario. No hay necesidad de hacer eso ahora.
-Es mejor ventilar la pena, mandarla a quemar. A alguien le servirán estas prendas.
-Sí, mamá, pero no hace una semana que la abuela murió. Venga, no se ponga en esas. Tómese este cafecito para que llene el estomago.

Sí ve, mamá. Lo confirmamos. Son las vacas las que están dañando la leche antes de darla. Vea que ya papá y usted están en cama. Lo mejor será dejar de tomarla, por lo menos hasta que las vacas dejen de dañarla.

-Ay, mamá, la leche no deja de llegar cortada. Algo les pasa a las vacas. Pero mientras tanto, coma algo y páselo con agua. Dele a papá.
-Comamos los cuatro, llame a su hermano.
-No, mamá, ya me han traído a mí el alimento. No les guardé porque no me lo permitieron. Tuvieron que cambiarme las sabanas, les había escondido unos bocados a ustedes bajo la almohada.
-¿Usted ya comió?
-Sí, una mujer entró al cuarto y me dio de comer. Yo le pedí para ustedes, pero fue como si no me escuchara. ¿Dónde está Martín, mamá?
-En el cuarto de la abuela, encerrado.

Martín está como raro. De pronto sus rasgos están perturbados. No creo que sea la leche. Tal vez el agua también ha llegado envenenada. Nos van a dejar morir de hambre, que alguien haga algo.

(-Tranquilo, tranquilo, va a sentir una picadura y…
-Pero mire, que es Martín, está muy raro, como desfigurado. Hace tanto no come…
-Tranquilo, duérmase).

-¡Mamá!, mamá despierte. Papá esta vomitando. ¡Mamá! vístase que nos vamos. Vaya póngase la chaqueta, voy a despertar a mi hermano. Escuche allá afuera lo que está sonando. ¡Despierte, mamá!

Qué le pasa a Martín que de pronto se ha puesto morado. Que son esos ojos tan extraños. No parece mi hermano. Y papá se ha quedado encerrado en el baño. Todo está vuelto mierda, los trastos no se han lavado. La alcoba de mi abuela desordenada, que extraño. Esta mañana estaba todo arreglado. Oigo pasos.

-¡Mamá!

Fue el agua que les hizo daño. ¿Pero por qué Martín está amoratado?

(-¡Quién es usted, qué me está inyectando! Le digo que yo no los maté, fueron las vacas, el agua y los que entraron rompiendo la puerta y disparando a todos lados. Nada es muy claro.
-Shh… tranquilo, sólo es un delirio).

Sé que mamá ya estaba muerta, yo lo sé, antes que ellos irrumpieran. Se estaba allí quietica. Sin embargo uno de ellos se acercó y le asestó un disparo entre sus parpados. A papá no lo vi, pero no salió del escusado. Al pobre Martín sí, lo vi todo, yo estaba escondido entre el armario del cuarto de la abuela, él recostado en la cama. Ellos entraron, mi hermano apenas alcanzó a detallarlos. Estaba gritando porque lo había despertado el disparo en la habitación de mis padres. Pobre Martín, yo lo vi, el me miró también sin delatarme.

-Abuela, que los perros no bailan. La leche está vinagre. El agua sabe raro. Abuela, le desordenaron la cama, no se enoje conmigo. Qué hago con Martín que lo veo desmadejado. Abuela, Martín se ha escurrido entre las sabanas y mamá no puede venir a consolarlo. Papá aún no sale de ese baño. Yo me he escondido, cobardemente, en el armario. Abuela, ¡los pasos! Fueron ellos, pero nadie lo cree, me toman por perturbado.

No sé de haber gritado que me habría pasado. Pero sé que no estaría aquí amarrado. Yo no estoy loco, no me lo digan, que no estoy loco. Ustedes no se creen la pesadilla, porque suena a cuento inventado. Pero les digo, les digo que pasó y ya ha pasado.

(-Enfermera, por favor, suelte un poco más las correas que me están asfixiando.
-Tranquilo, tranquilo. Está en buenas manos).

miércoles, 22 de julio de 2009

Obsesiones I

“Doctor, doctor won’t you
please prescribe me something”
Don’t let me get me - P!nk

Doctor, doctor: Anoche soñé con caballos de corduroy, terciopelo y gamuza. Llevaban botones rojos por ojos. Doctor, no me explico cómo era posible su parpadeo ¡si no tenían ojal! ¡¡¡No tenían ojal!!!

Doctor, doctor: Intenté dormir nuevamente, pero no lo conseguí. El ruido de mi pelo contra la almohada me hace pensar que llevo crispetas en la cabeza y que se las comen en medio de una película muy triste los caballos de corduroy, terciopelo y gamuza, que llevan botones por ojos y parpadean sin ojal.

jueves, 4 de junio de 2009

Plegaria I

No quiero encontrar el margen de mi hoja.
Ahora pongo yo el prohibido: Que no me prohíban.

Que no me limiten, por favor,
Que no me limiten.

Que no me encierren,
No me encasillen.

Que no me digan que son mentiras mis verdades,
Que son tan mías.

Que no hace falta volar tanto, no me lo digan.
Que no me digan que me caiga, que me caigo.

Que no me multen por cada sueño,
Por las rosas que aún espero,
Por creerme lo que no les creo.

Que no sancionen mi escala de vida:
Primero amor, Luego la muerte.

Que no me copien, que no me peguen.

Que no me olviden, que no me nieguen.

DIXI

viernes, 8 de mayo de 2009

De los Miedos

Ya crecí y aún tengo miedos. Mamá me dijo que cuando grande no los tendría más… me mintió.

Si bien no están bajo la cama, ni hay monstruo en el armario y la sombra que se pasea por el cuarto es sólo una rama tocando en la ventana; ahora están los presagios desalmados, desarmados, desamados. También las frustraciones, los relojes que no uso, las historias concluidas. Que se sumen a la lista las palabras olvidadas, las que nunca se dijeron, las que tampoco se escribieron.

Ya crecí y El Coco también, ahora tiene cara de puñal esperando en la esquina, de corazón desgarrado, de sueños trasnochados, de muertes indefectibles.

Sí, crecí, ya no soy inmortal. Otro humano más en las lista de espera de los certificados de defunción.

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Nota: Quiero aclarar que este escrito no pertenece a la serie MIEDOS, la cual debo continuar, lo sé.

Disculpen cualquier error en el escrito, pero nació afanado, necesitaba decirlo.

lunes, 13 de abril de 2009

Miedo I

La mujer tiene una infección en sus labios. La mujer se lleva el índice derecho a sus labios. El índice derecho infectado viaja hasta mi boca con un beso emponzoñado.

Los sueños están hechos de una materia tan flexible que te permite traspasar paredes y segundos.

Ahora subo en un ascensor que más bien parece un tren. Al frente de mi vagón ascendiente hay otro idéntico, me acompaña una mujer y el del frente lo ocupa otra diferente. Ambos ascensores ascienden como serpientes cortejándose por las paredes del edificio. Todo gira, somos parte de una espiral en los intestinos de las bestias que nos cargan a nuestro destino final –que en los sueños nunca se consuma-.

La mujer que me acompañaba se ha bajado en el piso tres y el ascensor debía hacer parada en el cuarto también, pues ese era el botón que marcaba mi llegada.

Ahora la mujer de enfrente se ve aterrada, nuestros vagones han comenzado a avanzar más rápido, ahora el edificio no tiene fondo, somos dos extraños relatándose su última memoria.

El aire casi corta por la velocidad de los aparatos. La mujer grita desesperada y yo no puedo hacer nada, que la salve, que yo puedo hacerlo –es aquí donde escucho lo más patético que pude haber escuchado, no sé qué neurona de mi cerebro ha dicho tan absurda frase-: Es que ustedes los hombres lo pueden todo, sálveme, ustedes tienen la fuerza, el poder.

Esta vez no se me permite traspasar paredes y cambiar al vagón donde ella viaja, esta vez no se me permite regresar donde la mujer de los labios infectados, el sueño se ha vuelto pesado y ha perdido su consistencia etérea, su condición maleable.

La cuenta de los pisos la he perdido. La imagen siguiente es la de la mujer abandonando el vagón y cayendo sobre los rieles. No la vuelvo a ver, sólo unas miserables manchas de sangre, no las suficientes como supone expulsar un cuerpo triturado en la realidad, pero el sueño ahora hace lo que quiere. No les relato mi sueño, les relato el sueño, no soy su amo, yo le pertenezco, no él a mí.

Ahora mi ascensor es el único que avanza, fiel a las ordenes de mis deseos más profundos pero que no me pertenecen, ya lo dije. Tengo dos salidas: O me arrojo como la mujer o llego al final.

Tres, dos, uno… el techo que se acerca, tengo la certeza que seré aplastado por un cielo de oníricos adobes. La espiral se hace más estrecha, todo se estremece como en el cine cuando mueven la cámara para simular temblor.

Sé que morí en ese sueño, lo sé. Tres, dos, uno y de repente los ladrillos eran madera, y el vagón un aglomerado de algodón y resortes.
Últimamente sueño todo en espiral y despierto con ese mareo perpetuo de la realidad existencial.
Por eso comienzo ahora la serie ‘Miedo’, para ir exorcizando algunas pesadillas que se han quedado atrancadas en mi atrapa sueños y de vez en cuando les da por caerse y pegarme en la cara.
Si alguien desea relatar sus terrores está abierto el espacio.
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