De costumbre tengo la de salir por ahí a caminar y, últimamente, no he podido callar el verduguito en mi cabeza, taladrándome los sesos.
Pues bien, me encontraba en estos días por la Iglesia de la Veracruz con una amiga, íbamos a comer a un restaurante vegetariano llamado Govinda's -recomendado por cierto-, y es bien sabido en Medellín la carne que aguarda en los alrededores de dicha iglesia; carne de mujer cansada, de madres con minifaldas y kilos sobrantes, de niñas viejas. Pues entre tanta carne se me hacía irónico que existiera un restaurante vegetariano, pero así es, así es Medellín de contrastes bruscos e historias que desmiembran.
Me son tristemente interesantes las historias que hay en cada una de ellas, por eso cuando tengo la oportunidad me siento a inventarles nombres y penas.
El caso es que estas mujeres, las que alquilan su sexo porque les toca y no porque quieren una vida fácil como lo supone esa designación de mujeres de vida alegre, se van ganando un espacio en la sociedad –muchas veces injusto-. Siempre he dicho que las putas son tan públicas como los empleados del gobierno, y por eso es que vale la pena inventarles sus verdades.
Pues bien, lo que les quería compartir, sin alargar la entrega, es un par de fragmentos que nacieron y supongo, algún día, utilizaré en un escrito dedicado a estas mujeres, espero les agrade:
COMO LAS PUTAS
QUE POR QUÉ LAS LLAMO PUTAS
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